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Contigo en la salud, pero no con el cáncer de mama

Mujeres cuentan cómo se lucha contra la enfermedad y el abandono de su pareja.

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Por: El País Internacional

Contigo en la salud, pero no con el cáncer de mama

Contigo en la salud, pero no con el cáncer de mama

Un estudio realizado en Nigeria y publicado en la revista Psycho–Oncology en 2010, examinó el impacto psicosocial del cáncer de mama en 80 mujeres casadas y reveló que tres años después del tratamiento el 38,3% estaban separadas. Pero estos resultados chocan frontalmente con los de otro trabajo más reciente, realizado con 134.435 mujeres finlandesas casadas, que no asocia riesgo de ruptura conyugal con el diagnóstico de cáncer de mama ni con los tratamientos.

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Sin embargo, en breve se exponen algunas historias de mujeres que hay decidido contarlo desde el anonimato.

"Durante todo el tratamiento solo me acompañó al médico en dos ocasiones"

A Esther (50 años y nombre ficticio) le diagnosticaron la enfermedad con 46 y el primer año de tratamiento sumó cirugía, quimioterapia, radioterapia y separación. "Recuerdo la ruptura más dolorosa que los mismos tratamientos. Antes del diagnóstico la relación no iba bien, pero desde que enfermé fue un rechazo continuo. Me vi sola y abandona, durante todo el tratamiento solo me acompañó al médico en dos ocasiones. Tenía tanta pena por no tener a mi pareja al lado, que ni me afectó la mastectomía. Cuando me dieron el alta tras la operación, tampoco acudió al hospital a buscarme. Al final, fue mi hijo pequeño el que se ocupó de mí: me duchaba, me vestía, me preparaba la comida… Mi pareja no trabajaba y podía haberlo hecho, pero no lo hizo. Fueron 31 años de convivencia, pero un día no aguanté más y le dije: fuera de mi casa y de mi vida".

José Miguel Rojas, psicooncólogo del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC), que engloba a 61 asociaciones de pacientes, reconoce que este tipo de situaciones no le sorprenden en la consulta: "No es un problema frecuente, pero tampoco excepcional, tras un diagnóstico de cáncer de mama. Las causas son la enfermedad en sí, el hecho de que la sexualidad se aparque y los fallos en la comunicación".

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"La enfermedad me abrió los ojos"

El caso de Marta (41 años y nombre ficticio) forma parte de una estadística soterrada a la que pertenecen todas esas mujeres cuyas emociones cambiaron al enfermar. Soportó ocho ciclos de quimioterapia, 30 sesiones de radioterapia, una cirugía y el proceso de separación.

"Antes del diagnóstico ya sufría malos tratos psicológicos y la enfermedad me abrió los ojos. Él sí me acompañaba al médico, pero era todo para aparentar, para que lo vieran junto a mí", cuenta Marta, y continúa: "Justo antes de ir a un ciclo de quimioterapia comenzaba a decirme que nos teníamos que separar; si me arreglaba para no tener mal aspecto, me decía que me gustaba exhibirme. Y tras los ciclos de quimioterapia, se iba de viaje y me dejaba sola con los niños y con los efectos secundarios". Marta, que actualmente se encuentra en tratamiento psicológico, decidió romper con 18 años de convivencia uno de esos días en los que él la amenazó con la separación.

Se sabe que el abandono sucede, pero muchas mujeres no lo cuentan abiertamente.

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No poder tener hijos tras los tratamientos es un factor detonante

El libro En el amor y en el cáncer (Fundación Más Que Ideas), dirigido a las parejas de los pacientes con cáncer, describe como muy común la afectación de la intimidad durante y después de los tratamientos, lo que repercute en la relación. Y cita el cáncer de mama, junto al ginecológico, como uno de los que más afectan al área sexual.

"Las dificultades que más frecuentemente suelen aparecer son la pérdida del deseo y cambios en la sensibilidad genital", dice textualmente. "Si hay problemas en la relación, lo más aconsejable es que la pareja busque ayuda en el psicooncólogo. Las señales de alerta son el cambio en la rutina que afecte a la actividad sexual y la falta de comunicación. Con frecuencia, la terapia consigue reconducir la relación de pareja", señala José Miguel Rojas. Este experto también apunta a otro factor como detonante de la ruptura: el hecho de no poder tener hijos tras los tratamientos con quimioterapia.

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Justo lo que le ocurrió a M. J. C. (43 años). Le diagnosticaron la enfermedad con 40 años y durante el primer año de tratamiento (mastectomía y quimioterapia oral) tuvo que afrontar también la ruptura con su pareja: "Tenía la sensación de que él estaba conmigo porque le daba pena, y yo no estoy para dar pena a nadie, solo estoy para vivir. Noté un cambio en su actitud a raíz del diagnóstico, y la vida en pareja cambió. Él quería tener hijos y debido a la enfermedad yo no podía. Hacía comentarios habituales sobre su deseo de ser padre y no asumía el hecho de que no los tendríamos. Este fue el detonante que me hizo tomar la decisión de romper la relación. La enfermedad sirve para desenmascarar a la gente, ves quién te apoya y quién no".

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