Familia

¿Cómo ser firme pero amable con tus hijos?

Se le conoce como la crianza positiva y se trata de usarla para ser firme pero amable con tus hijos.

Por: Xiomara González

¿Cómo ser firme pero amable con tus hijos?

¿Cómo ser firme pero amable con tus hijos?

Cuando se trata de criar a un hijo, tú te enfrentas  al dilema de cuánta disciplina es necesaria y cuándo esta se puede volver excesiva y, como consecuencia, contraproducente.

Dependiendo qué modelo educativo pongas en práctica, la conclusión es distinta. En un extremo se ubican aquellas que abogan por la rigidez. De acuerdo a este, es el adulto el que manda y el niño no participa en el proceso de todas las decisiones.

En el otro polo se encuentra el enfoque permisivo, que insiste en que no hay reglas ni límites y defiende que el niño esté a cargo.

Sin embargo, hay un tercer modelo, un tanto punto intermedio entre ambos: la parentabilidad positiva, también conocida como crianza positiva.

Esta rechaza tanto el castigo como la permisividad, y aboga por que el niño tenga cierto grado de autonomía y participe en la toma de algunas decisiones, siempre teniendo en cuenta qué es lo adecuado para su edad y cuál es el contexto familiar.

Según este enfoque, el adulto sigue siendo el responsable, pero en su trato hacia el menor hay más comunicación, respeto y aprecio por los sentimientos de este, incluso cuando se le dice que no.

La educadora Lua Barros, quien estudia y defiende la crianza positiva, la plantea como la relación entre padres e hijos que es "necesaria en la sociedad en la que vivimos".

"Tenemos que hacer que los padres vean a los niños como individuos y que haya un respeto mutuo", dice.

El afecto debe impulsar todas tus acciones, según este modelo.

Cuando estás gobernada por el afecto, eliminas cualquier violencia de la relación. Para conducir el comportamiento del niño con firmeza y respeto se debe ejercer la autoridad sin autoritarismo.

Sin castigos físicos

La idea también es que golpear o castigar a los niños no les enseñará cómo manejar sus propios sentimientos o comportarse adecuadamente, solo los educará para que tengan miedo de la reacción del adulto.

Varios antropólogos aseguran que nuestros antepasados, contrariamente a la creencia popular, no eran violentos con sus hijos y que solían ser afectuosos y mostrarse disponibles para ellos, y que vivían en entornos cooperativos.

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